miércoles, 22 de junio de 2011

El campo magnético del Sol

Como la Tierra, nuestro Sol tiene un campo magnético. Las líneas del campo se extienden hacia fuera por el viento solar, expandiéndose las partículas cargadas de la estrella hacia afuera.
Observaciones de la sonda Voyager de la agencia espacial estadounidense (NASA).
El Sol tiene su propio campo magnético que se extiende hasta los confines del Sistema Solar, lugar en el que esta energía se convierte en un mar jabonoso y turbulento de burbujas magnéticas que interactúan con las partículas de otros sistemas solares, que al entrar a nuestro sistema determinan cómo interactuarán con el resto de la galaxia.
El campo magnético del Sol está conformado por 160 millones de kilómetros de burbujas. Las burbujas se crean cuando las líneas del campo magnético se rompen y dispersan materia que se reorganizan de ésta forma. Cada burbuja tiene una longitud de 100 millones de millas (160.934.400 Kms).
Voyager se encuentra a 14.000 millones de Kms. de la Tierra y está en una zona límite del Sistema. En esa área el viento solar y el campo magnético se ven afectados por el material que a su vez expelen otras estrellas. "El campo magnético del Sol se expande hasta el borde del Sistema Solar donde se compacta formando una burbuja protectora, la heliosheath (heliofunda).
En las lejanías del Sol, donde la Voyager se encuentra, "el campo magnético del Sol se compacta", dijo el astrónomo Merav Opher de la Universidad de Boston. Cuando el campo magnético se compacta tanto, las líneas magnéticas se entrecruzan y reconectan; la reconección magnética es tan energética como las llamaradas solares. Los pliegues compactados se reorganizan a sí mismos, a veces de forma explosiva, por lo que crean espuma de burbujas magnéticas. Los investigadores nombraron a esta región como "la heliofunda" que es la frontera entre el Sistema Solar y el resto de la Vía Láctea, por la que miles de objetos y cuerpos tratan de introducirse, pero se encuentran con una barrera violenta de burbujas magnéticas. La relevancia del hallazgo se relaciona con la importancia de entender la estructura del campo magnético solar, pues esto permitiría a los científicos explicar cómo los rayos cósmicos galácticos entran a nuestro sistema solar e influyen en cómo interactuará el Sol y las estrellas con el resto de la galaxia. "Continuamos tratando de comprender las implicaciones de los hallazgos", dijo el físico Jim Drake de la Universidad de Maryland e investigador del equipo Voyager. La teoría que se sostenía antes de saber de la posible existencia de las burbujas era que los cuerpos externos se frenaban por la existencia de los rayos cósmicos en el borde del Sistema Solar. "Las burbujas magnéticas aparecen como nuestro primer contrargumento frente a los rayos cósmicos. No hemos determinado si esto es algo bueno o no", dijo Opher. Por una parte, las burbujas podrían considerarse como un escudo muy poroso que permitiría a muchos rayos cósmicos introducirse en nuestro Sistema. Pero, por otra parte, los rayos cósmicos podrían quedar atrapados dentro de las burbujas lo cual sería un escudo mucho más poderoso.

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